
Puedo escuchar lo que me digas, tus incoherencias, tus repeticiones. Puedo escucharte hoy hablar de ella. Puedo ver como brilla tu sonrisa, puedo ver tu caminar sutilmente agitado. Puedo sentir tu respiración, la escasa distancia, sin inmutarme. Puedo llegar a entenderte luego de tanto tiempo. Puedo ver lo que ves, puedo recordar lo que fue y todo lo que nos falto ser. Puedo pensar en los sueños que tenia, en tu música, en las risas, puedo tocar tu rostro sin arrepentirme de que ya no queda nada. No puedo dudar. Sin embargo, al fin, no puedo pretender conocerte. No creo haberlo hecho realmente alguna vez.
No quiero que pienses que no lo intenté. De cualquier forma, nos engañamos.
Aprendí que la tortura más dura es tener y no poder. Viste lo que no habia.
No pienso gastar mis palabras, no pienso dejar que pierdan su valor. No voy a gastar mi voz si no es suficiente para que escuches. No voy a mirarte, si es un acto imposible el que entiendas mi mirada. Mis ojos no solian ser inexpresivos. no puedo darte lo que no tengo, ni enseñarte lo que esperas aprender. Ya no tengo ganas de volver al principio, de volver a donde estaba.
Maduré.
Marlene.